Alemania gana la III Gran Guerra Europea


Artículo escrito por  Luis María Anson en Dic. 2011

  Leopold von Bismarck, canciller de hierro y animador del landtag prusiano, desmontó en Sedán, con la ayuda del mariscal Moltke, a Napoleón III, desmaquilló a Eugenia de Montijo y humilló el orgullo francés. De asesinar a Napoleón IV se ocupó Inglaterra, al dejarle abandonado en una emboscada sobre la tierra hosca de los zulúes. Francia se vengó de Bismarck en la primera guerra europea y mundial. Pétain doblegó al káiser alemán y sometió a los militares y al pueblo germano al vergonzoso Tratado de Versalles.

    Adolf Hitler, cuyo renacimiento en ciertos sectores de la juventud alemana me pone los pelos de punta, se adueñó de media Europa, hizo desfilar a sus soldados bajo el Arco de Triunfo del París ocupado y humilló la petulancia francesa en el mismo vagón de tren en que se firmó el armisticio, rubricado después en el Salón de los Espejos de Versalles. El dictador nazi fue arrollado por la firmeza de Winston Churchill, el hombre más grande del siglo XX, por encima de Picasso, de Einstein, de Chaplin, de Juan XXIII o de Gandhi. Devastada por el conflicto, destruida y despedazada, parecía imposible que la Alemania vencida en la segunda guerra europea y mundial pudiera levantar la cabeza.

Pero lo ha hecho. El orgullo germano permanece intacto. Su complejo de superioridad, también. Los alemanes consideran que su destino es ser rectores de Europa. Lo llevan en la sangre. Y están ganando la tercera guerra europea, laguerra del dinero. La gran empresa, la economía y las finanzas están en sus manos. Media Europa vuelve a ser suya.

Angela Merkel carece del bigote de Hitler pero ordena, con dos tacones, el escabeche del primer ministro griego y lo consigue. Hace frente al presidente del Gobierno italiano y lo desmonta de la cabalgadura altiva de las televisiones basura y las carnes frescas. Mantiene genuflexo al pobre Zapatero y de hinojos a los mandatarios de Bélgica, Austria, Hungría o Polonia. Y da a Francia casi el mismo trato que Hitler dispensó a Pétain. El Gobierno francés actual podía estar instalado en Vichy en lugar de en París, con Carla Bruni al frente de las carantoñas públicas.

En Europa solo respira aires independientes el Reino Unido y, tal vez, Rusia. En el mundo gallea Estados Unidos, se consolida Japón y se desperezan China, India, Brasil y Australia. Pero Alemania, la gran derrotada en 1945, ahí está, dictando sus órdenes a una Europa entumecida y atónita. La situación no puede estar más clara. Sesenta años después, Alemania es la vencedora de la III gran guerra europea. Quien no quiera reflexionar sobre esto, quien no sepa calibrar el alcance del orgullo germano herido, no entenderá una palabra de lo que está ocurriendo en el fondo de la crisis que nos zarandea. Arnold Toynbee, al hacer filosofía de la Historia, alumbró los caminos que permiten juzgar la realidad profunda sobre las coyunturas temporales y las anécdotas superficiales.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española de la Lengua.

Es uno de los periodistas conservadores mas relevantes de España.

Este artículo se publicó en El Mundo, pero ya no está disponible, solo se encuentra integro en algún blog